Etapas de lactancia materna

¿Sabías que la leche materna que toma tu bebé recién nacido varía en cada toma?

El contenido de la leche materna varía en las distintas tomas que da a lo largo del día, de un día a otro y de acuerdo con los meses transcurridos después del parto.

Por ejemplo, se sabe que la leche materna que sale inmediatamente después del parto contiene más proteínas, calcio y otros minerales que aquella producida cuando han pasado varios meses del nacimiento.

Incluso  en la misma toma de leche hay diferencias; al inicio, la leche contiene menos grasa que la leche que sale del seno materno al final.

También la etapa del embarazo influye y las características y contenidos de la leche son diferentes, dependiendo si se trató de un embarazo a término o un nacimiento prematuro.

Lo más importante de estos cambios es que la producción de leche materna se ajusta en respuesta a las necesidades de tu hijo.

El calostro.

Desde las últimas semanas del embarazo puedes notar que de tus senos sale el calostro, una secreción de color amarilla y traslúcida. El calostro permanece durante los primeros cuatro días después del parto, y conforme pasa el tiempo y cambian los requerimientos de tu bebé, modifica sus componentes químicos dando origen a una leche llamada de transición, hasta llegar a la leche madura.
El calostro tiene una composición química diferente en comparación con la leche madura. Tiene menos carbohidratos (azúcares) y vitaminas, contiene más electrolitos como sodio, potasio y hasta cinco veces más proteínas. Contiene la mitad de la cantidad de grasa que la leche madura; sin embargo, son grasas muy importantes porque ayudan al desarrollo del sistema nervioso del recién nacido.

Es muy variable la cantidad de calostro que produce cada madre; en ocasiones, una mujer puede producir menos de media onza al día mientras otra puede generar más de dos onzas.

Aunque te parezca que estas cantidades son muy pequeñas para alimentar a un recién nacido, el calostro juega un rol importante en los mecanismos de defensa de tu bebé porque proporciona la cantidad necesaria de sustancias que ayudan a los recién nacidos a detener el ataque de virus y bacterias, ya que contiene una gran cantidad de anticuerpos.

Otra propiedad del calostro es que facilita el movimiento del tubo digestivo y disminuye la posibilidad de que tu bebé padezca estreñimiento y lo ayuda a expulsar fácilmente el meconio -sus primeras heces, la cuales son muy espesas, viscosas y de un color verde oscuro.

El calostro es un importante alimento que proporciona mecanismos de defensa contra las infecciones de tu bebé, lo alimenta y prepara su tubo digestivo para digerir la leche materna.

Leche de transición.

Después de tres días del parto, el calostro se va transformando, adquiere un poco más de grasas y va cambiando poco a poco su color amarillento translúcido a uno más blanco y semi-opaco, ésta es la denominada leche de transición, por lo general dura hasta el final de la segunda semana después del parto.

Leche madura.

Tu bebé está creciendo, ahora sus necesidades alimenticias aumentan. Su tubo digestivo está preparado para recibir una leche más completa, es ahora cuando tu cuerpo inicia la producción de la llamada leche madura.

Esta leche se produce a partir de la tercera semana posterior al parto. Contiene alrededor de 200 componentes entre azúcares, diferentes tipos de proteínas como las enzimas y las inmunoglobulinas, ácidos grasos, hormonas, factores de crecimiento, minerales, hierro, vitaminas y agua. Cada 100 mililitros de leche madura proporcionan entre 65 y 75 calorías.

Algunas calorías de la leche materna son transferidas directamente de la alimentación de la madre, es por ello que cuando una madre padece desnutrición, la concentración de vitaminas -como la B1, B2, B6 y la D- en la leche materna puede estar disminuida.

Además, como la leche materna contiene elementos minerales importantes como calcio, fósforo y magnesio, cuando estos disminuyen por una nutrición inadecuada por parte de la madre, los niveles de estos minerales en sus huesos pueden disminuir.

Las proteínas de la leche materna no tan sólo nutren a tu bebé, además intervienen en el transporte de hormonas y factores de crecimiento y otras actúan a nivel inmunológico, es decir, protegen a tu bebé de enfermedades infecciosas.

Algunas proteínas son enzimas; es decir, sustancias que actúan en nuestro cuerpo realizando funciones químicas importantes, por ejemplo, la lipasa, que ayuda a la digestión de las grasas.

La leche materna también contiene anticuerpos que ayudan a proteger a tu bebé contra infecciones. Los bebés que reciben leche materna presentan con menor frecuencia las infecciones típicas del recién nacido por bacterias o virus, como las infecciones del oído medio, la orina, las vías respiratorias, diarreas o incluso meningitis, en comparación con los bebés que no toman leche materna.

Si tienes una buena producción de leche materna y alimentas a tu hijo exclusivamente de esta forma, no necesitas darle agua, ya que tu leche le suministra la cantidad que requiere en condiciones normales, pues del 85 al 90 por ciento de la composición de esta leche es agua.

Además, tu leche materna contiene varias hormonas que facilitan el movimiento del tubo digestivo, así como la absorción de carbohidratos y grasas de tu hijo. Las grasas de las que se compone la leche materna proporcionan energía, algunos ácidos grasos intervienen en el desarrollo cerebral, auditivo y visual de los bebés.

La leche materna contiene carbohidratos o azúcares; de estos, el principal es la lactosa (un 95 por ciento), la cual, además de proporcionar energía contribuye a que las evacuaciones sean más frecuentes y aguadas (incluso líquidas en ocasiones), lo que es normal en un bebé que toma leche materna.

Estudios de la leche humana de mujeres a un año después de su parto reportan una disminución significativa de la concentración de proteínas, calcio y ácidos grasos saturados de cadena larga, comparados con las concentraciones que tiene una leche de una madre en los primeros meses después del nacimiento de su hijo.

Esto, sumado a que los requerimientos de tu bebé aumentan rápidamente después de su primer año de vida, hace que, dependiendo de cada caso, el pediatra pueda sugerir agregar otros alimentos a la dieta del pequeño, en ocasiones a partir de los seis meses de edad y en todos los casos después del primer cumpleaños del menor.

A pesar de que la leche materna es el alimento recomendado para los bebés, algunas veces, por diversas razones, la madre alimenta a su pequeño por medio de fórmula. Esto NO necesariamente significa que la calidad en la alimentación del bebé vaya a ser deficiente y mucho menos que el amor de la madre por su bebé sea menor al de una mujer que da seno materno.

La leche materna debe ser la primera opción al comenzar la alimentación de tu bebé, si tienes la posibilidad de ofrecérsela, ¡adelante! Ahora ya conoces todos sus beneficios.